El otoño ha llegado a la alta montaña y es momento de ajustar nuestra forma de salir al monte. Estos días, las cumbres del Pirineo, incluyendo el Aneto, han registrado sus primeras nevadas. A partir de los 1800 o 2000 metros, el terreno ha cambiado y nos obliga a estar mucho más atentos a lo que pisamos.
El invierno pide paso en altura
La nieve que se mantiene en las zonas altas puede convertirse en placas de hielo peligrosas, fruto del ciclo de deshielo durante el día y el rehielo al llegar la noche. En mi opinión, si tienes pensado subir a estas cotas, es fundamental que lleves crampones y piolet, siempre y cuando sepas manejarlos con soltura. También es el momento de aparcar las zapatillas y usar botas de montaña que protejan tus tobillos y mantengan tus pies secos. Asegúrate de llevar en la mochila guantes, gorro y una capa extra de abrigo. Antes de salir, dedica un rato a mirar las cámaras web de los refugios y planea tus jornadas empezando temprano, ya que los días son más cortos y moverse sobre nieve siempre nos hace ir más lentos.
Nuevas reglas en el Teide
Si tu plan es visitar el Teide, debes saber que desde el 6 de octubre hay una nueva resolución que cambia las reglas del juego. El acceso al sendero Telesforo Bravo, entre La Rambleta y la cima, se ha reducido a un máximo de 90 minutos y el horario de control se alarga hasta las 18:00. Recuerda que no está permitido quedarse en el camino una vez se agota ese tiempo. Si eres federado, ahora cuentas con plazas específicas, pero te recomiendo revisar bien las tarifas según tu residencia antes de reservar, ya que todo el sistema se ha reorganizado.
Autonomía y gestión en carrera
La montaña también pone a prueba nuestra capacidad de gestión personal en citas como la Trail Cat The Race. Esta prueba arrancó el 11 de octubre desde Andorra con un trazado de 466 kilómetros y 17.800 metros de desnivel. Lo que me parece más interesante de esta carrera es que no está balizada, obligando a los corredores a navegar con GPS y a gestionar su propia comida y descanso en un régimen de semiautosuficiencia. Al final, este tipo de retos nos recuerdan que, más allá de la fuerza física, la clave en la montaña suele estar en la autonomía y en saber leer el terreno que tenemos delante.
