Cuando salimos a la montaña, a veces olvidamos que el equilibrio entre una buena experiencia y un susto serio depende tanto de la gestión del territorio como de nuestra propia sensatez. Estos días ha vuelto al primer plano el debate sobre el abandono de la Hoya de la Mora en Sierra Nevada, el acceso clave a la alta montaña de este macizo coronado por el Mulhacén. Paralelamente, los equipos de rescate de Cantabria y los Pirineos alertan de un preocupante aumento de intervenciones por puro pánico o falta de preparación técnica. Dos realidades distintas que nos obligan a reflexionar sobre cómo nos relacionamos con el medio natural.
¿Por qué la Hoya de la Mora sigue sin un centro de visitantes?
Francisco de Asís Muñoz, al frente del Espacio Natural Sierra Nevada, ha vuelto a insistir ante el Organismo Autónomo de Parques Nacionales para que recupere el proyecto de construir un centro de visitantes en la parcela del antiguo parador. Esta propuesta, cercana a la Hoya de la Mora, permanece bloqueada desde 2018. El ente estatal argumenta que esta obra no figura en sus planes a corto plazo, apuntando a las alegaciones y a la oposición de colectivos vecinales y ecologistas que en su día paralizaron el trámite en el Ayuntamiento de Monachil para un plan de 1,5 millones de euros.
Si vas a subir por allí, te darás cuenta de que la zona ofrece una imagen descuidada que no se corresponde con la importancia de este parque. Se estima que al menos un 20% de los 700.000 excursionistas anuales de Sierra Nevada acceden por este punto. Me parece un error tener una de las entradas principales del parque abandonada, convertida en un aparcamiento de caravanas sin control y acumulando residuos. Si queremos concienciar sobre el respeto a la biodiversidad, lo lógico sería contar con un punto de información adecuado para orientar y educar al visitante.
En cuanto a las infraestructuras de servicios, la Junta de Andalucía ha sacado a concurso público la remodelación de la depuradora de Pradollano con una inversión de más de siete millones de euros. El objetivo es ampliar la capacidad de tratamiento de aguas residuales en las épocas de mayor afluencia de turistas, como la temporada de esquí. El plazo previsto para estas obras es de unos dos años.
¿Son tan fáciles las vías ferratas como pensamos?
Si en el sur nos faltan infraestructuras de acogida, en el norte el problema es que a veces nos metemos donde no debemos. Durante este verano, Cantabria registró un total de 165 rescates en actividades al aire libre, una cifra muy similar a la de la temporada pasada. Sin embargo, si analizamos al detalle las estadísticas, los rescates en vías ferratas y ciclismo de montaña se han duplicado, pasando de 9 a 18 intervenciones.
La consejera de Presidencia, Isabel Urrutia, ha mostrado la preocupación de los servicios de emergencia ante el perfil de personas que afrontan estas actividades técnicas sin el equipo adecuado o la condición física necesaria. Un dato muy revelador: de las diez actuaciones de este verano en este tipo de rutas, solo una se debió a un accidente real. En las otras nueve, los excursionistas sufrieron crisis de pánico al verse superados por el terreno y no poder continuar.
Creo que estamos perdiendo el respeto a la verticalidad y confundiendo el ocio activo con un paseo sencillo. Subir una vía ferrata exige fuerza de brazos y saber gestionar la altura; si no estás preparado, el monte te pondrá en tu sitio rápidamente. Al menos, el cierre preventivo del Faro del Caballo ha surtido efecto y el helicóptero de rescate no ha tenido que acudir en ninguna ocasión allí este año.
¿Estamos midiendo bien nuestras fuerzas en las rutas exigentes?
Esta falta de realismo al valorar nuestra propia capacidad se repite también en los Pirineos. Hace unos días, tres montañeros de Bilbao (de 25, 31 y 38 años) tuvieron que ser auxiliados en el municipio de Bielsa mientras subían a Monte Perdido. Tras calcular mal sus fuerzas y quedar atrapados en una zona delicada de la pared, la Guardia Civil coordinó el rescate. Debido a la hora del aviso (las cinco y cuarto de la tarde), se decidió que pasaran la noche allí arriba y fueron evacuados en helicóptero a la mañana siguiente, ya bajo la lluvia, con la ayuda del Greim de Boltaña y un médico.
Durante esa misma jornada, los grupos de rescate también auxiliaron a un senderista inglés de 61 años que sufrió una fractura abierta en la rodilla tras caerse en el río Isábena. Asimismo, en el municipio de Seira, dos escaladoras de la Ribagorza (de 58 y 62 años) tuvieron que ser rescatadas al enredarse sus cuerdas mientras rapelaban en la vía Ternura Congosteña.
En fechas previas se registraron otros incidentes similares, como el rescate de una joven de 15 años con una luxación de rodilla en el sendero botánico de Biscarrués, o el auxilio en el GR-11, cerca del refugio de Coronas en Benasque, a dos senderistas, uno de los cuales presentaba una fractura de peroné. La nota más amarga de estos días ha sido el hallazgo del cuerpo sin vida de un montañero desaparecido el 21 de septiembre en la zona del pico Gabietos, en Fanlo.