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El Pirineo estrena nieve dura y avisa del deterioro en sus glaciares

La cota de nieve en el Pirineo se sitúa a partir de los 1400 metros, dejando heladas las cotas altas.
La cota de nieve en el Pirineo se sitúa a partir de los 1400 metros, dejando heladas las cotas altas.

Las precipitaciones de principios de noviembre han devuelto la estampa invernal a las altas cumbres pirenaicas, pero el terreno exige equipamiento técnico y prudencia desde las zonas medias.

El paisaje otoñal de las laderas bajas contrasta estos días con una estampa invernal rotunda en las cotas elevadas de la cordillera. Si tienes pensado hacer una salida de alta montaña por el Pirineo, conviene que repases bien el material y la predicción del tiempo antes de salir, porque el terreno ha cambiado de golpe en cuestión de días.

Placas duras y frío intenso en las cumbres

Las precipitaciones registradas a inicios de noviembre han dejado nieve en cotas situadas entre los 1400 y los 1600 metros, tiñendo de blanco estaciones como Astún, Candanchú, Formigal-Panticosa o Cerler. Sin embargo, lo más determinante para las rutas altas no es la cantidad acumulada en cotas medias, sino el desplome térmico que ha acompañado a estas nubes en la alta montaña aragonesa.

En las cumbres principales el frío aprieta de verdad. En lo alto del Aneto las mínimas caen hasta los -11 °C con máximas de -8 °C y sensaciones térmicas que bajan hasta los -17 °C por el viento. El Bisaurín registra valores de entre -6 °C y -3 °C, mientras que en los entornos de los refugios de Góriz y Respomuso las mínimas se sitúan en torno a los -3 °C. Con estas temperaturas, ten presente cómo afecta el frío a los equipos electrónicos y cuida la batería de tus dispositivos, ya que la descarga rápida del teléfono o del GPS puede dejarte sin navegación en el peor momento.

Más allá del mercurio, el estado del firme condiciona cualquier ascensión. El equipo del refugio de Góriz advierte de que, aunque el macizo se conserva bastante seco en líneas generales, a partir del lago helado en la subida a Monte Perdido la capa de nieve es continua y se encuentra muy dura. Progresar por ese tramo requiere piolet y crampones de forma imprescindible, así como experiencia previa en su manejo sobre terreno invernal.

El continuo retroceso de los hielos pirenaicos

Este ambiente invernal contrasta con la seria degradación que sufren las masas heladas de la cordillera. El informe de la campaña 2025-2026, presentado por el Grupo CryoPyr del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), confirma el tercer mayor desplome en el espesor medio de los glaciares desde que se toman datos anuales en 2012. Ni siquiera las acumulaciones de nieve récord registradas durante la primavera han bastado para frenar el desgaste estival.

Los números muestran un proceso acelerado. El glaciar del Aneto ha perdido de media 2,4 metros de grosor (llegando a picos de 4,8 metros) y suma una nueva fragmentación bajo el Pico del Medio, que se añade a la división sufrida en 2025 bajo el Pico Coronas. En Monte Perdido la pérdida media ha sido de 2,3 metros, aunque allí se ha medido la mayor reducción puntual de toda la cadena, alcanzando los 6 metros. Por su parte, el glaciar de Ossoue se reduce 3,1 metros de media y el de Llardana 1,5 metros.

Esta pérdida de masa provoca la acumulación de rocas y polvo en la superficie, lo que oscurece el hielo y acelera su desgaste. En la práctica, esto se traduce en itinerarios de alta montaña menos estables, un aumento del riesgo de desprendimientos y la necesidad de estudiar con lupa la estabilidad del terreno en las rutas clásicas.

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